Todas las bodas no son iguales.

Treinta y un años fotografiando fragmentos de las vidas de las personas te dan una perspectiva que puede tener varias lecturas.

Todo el que se casa quiere una boda “diferente”. Si partimos de la base de que dos personas que se unen en matrimonio forman un conjunto único, por aquello de lo único que somos las personas, llegamos a la conclusión de que “todas las bodas son diferente y únicas”. No son necesarios “fuegos artificiales ni inventos excepcionales” para sorprender.

El fotógrafo de bodas tiene que tener la capacidad de dar a cada uno lo que refleja, como “simples” notarios de lo ocurrido en ese comienzo de una vida única.

Por todo esto y por los cambios en la forma de ser de las personas en los distintos tiempos, las distintas circunstancias de las familias, el fotógrafo que ha visto más puede tener una percepción más real del comienzo de una historia de amor y puede contar casi con antelación lo que va a ocurrir en un evento de estas características.

Además de lo comentado, la característica que hace única una boda es el “buen gusto”, aquella capacidad de festejar un punto feliz de inflexión con las personas más allegadas con recursos adecuados y sin excesos que puedan rozar lo esperpéntico.

Bajo mi punto de vista la boda de Fátima y José Ignacio pasea  de la mano de esta solución en la que el buen gusto, lo agradable y el amor por los amigos y la familia es la base de la fiesta.

Como os digo, elegancia con los recursos adecuados, en los que todos disfrutamos de lo lindo, reflejo limpio que contamos con imágenes.

Felicidades, pareja.

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Bodegas González Byass, San Juan de los Caballeros

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