Un día lleno de encanto

Ya de por sí, todo 28 de febrero tiene su «tema». La nubes no hacen más que dar volumen al cielo.

Aunque el color se cubre de ceniza, sólo asomar por la ventana y la primera sensación es la de ganas de salir a sentir el viento, las gotas de agua y la humedad que aunque para todos es algo habitualmente desagradable, también tiene su encanto, como todo en la vida, siempre hay un lado positivo.

Magnífico día para salir a hacer fotografías, y mejor para tomar un mosto en alguno de esos lugares escondidos que nuestro entorno tiene.

Un vaso de mosto en un «barracón» con una luz «pobre», que proviene de una ventana y en un ambiente lleno de veteranía con la serenidad de varias reuniones de amigos que disfrutan del producto de nuestra tierra y ajenos al alboroto de la «ventolera» del exterior.

Una entrada por salida con fugaz pereza que deja un sabor de boca inigualable, pese a lo incómodo de salir a la carretera para un rápido «lamparillazo» y varias fotografías.

Instantes de regalo de un 28 de febrero de verde y blanco.

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Las Mesas de Asta, Mosto

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